miércoles, 13 de enero de 2010

MUSEO DE LA MALA MEMORIA.

MUSEO DE LA MALA MEMORIA.

“Me remito a 1970-1973, Unidad Popular de Salvador Allende, hoy ensalzado en el mundo y con estatua frente a La Moneda, ni más ni menos. Pero a mi modo de ver no hubo en ese mandato mucho para el bronce. Por el contrario…Claro que ahora, ¡hasta los personajes de historietas tienen estatuas!”. Escribe Lillian Calm.

Es virtual y si existe este Museo de la Buena Memoria está pero sólo en algunas pocas cabezas, porque en las de muchos ya se ha evaporado. No tiene 5.700 metros cuadrados o algo así como dicen de que dispone, en cambio, el mentado Museo de la Memoria que debería llamarse, según parece, de la Mala Memoria y que tanto se esmera en inaugurar la Presidenta Michelle Bachelet antes de partir.

Si decidí sacar a flote este pasado es por la remota esperanza de que si un joven de hoy lee estas líneas sepa lo que vivimos los jóvenes de ayer, mientras sus madres hacían colas para conseguirles leche y un kilo de papas para hacerles la sopita. Me remito a 1970-1973, Unidad Popular de Salvador Allende, hoy ensalzado en el mundo y con estatua frente a La Moneda, ni más ni menos. Pero a mi modo de ver no hubo en ese mandato mucho para el bronce. Por el contrario…Claro que ahora, ¡hasta los personajes de historietas tienen estatuas!

Un picadillo de recuerdos se me agolpa en la memoria. Hay algunos en los que habría que detenerse muchísimo más, como el asesinato ---por parte de un grupo ultraizquierdista desgajado del MIR--- del ex vicepresidente de la república, Edmundo Pérez Zujovic, en plena comuna de Providencia. O la Marcha de las Cacerolas en que, al llegar a Santa Lucía con la Alameda, mujeres de todas las edades fueron atacadas con papas que escondían navajas.

Esos hechos calaron hondo, pero hay otros no menos significativos que, me atrevo a vaticinar, quizás no vayan a ser ni siquiera mencionados en el museo que inaugurará la Presidenta en enero, y no por mala memoria, explicarán, sino supongo que por motivos cronológicos. ¡Sucedieron antes de 1973, donde todo se olvidaba y hasta perdonaba!

Uno de esos hechos fue la venida de Fidel Castro. Era por 10 días, harto para una visita oficial, ¡pero resulta que se quedó pegado! Llegó el 10 de noviembre de 1971 y se fue sólo a principios de diciembre, prácticamente un mes después comiendo, él y su comitiva, a cuerpo de rey en un país en que había desabastecimiento. Como no se iba re nunca, en las calles comenzaron a oírse los gritos de “si no se va luego Fidel, no va a comer ni él”. Porque una de las grandes lacras de la Unidad Popular fue el desabastecimiento. Colas, escasez, mercado negro. Sólo quienes madrugaban conseguían algo. La senadora socialista María Elena Carrera se granjeó entonces las furias de muchos con un comentario que le salió de adentro: “Sólo las mujeres ociosas pueden hacer colas para comprar” (sic). Ella, sin duda, no necesitaba.

Incluso se usó el término “racionamiento” y se creó (a cargo del general de la FACh, Alberto Bachelet, padre de la actual mandataria) la Secretaría Nacional de Distribución y Comercialización, que asumiría el monopolio de la comercialización de los bienes de consumo. La oposición (léanse Eduardo Frei Montalva, Rafael Moreno ---hoy embajador ante el Reino Unido--- y muchos otros prohombres) criticaron fuertemente las medidas. Esa Secretaría debía diseñar el reglamento de las mal recordadas JAPs, encargadas del abastecimiento o, perdón, del desabastecimiento.

Y entretanto y a toda marcha la Reforma Agraria hacía de las suyas, con ocupaciones ilegales impulsadas por el MIR y el singular Jacques Chonchol (quedémonos en ese adjetivo, no más por ahora). Ya el 15 de abril de 1971, es decir, recién iniciada la administración Allende, se consigna que se habían expropiado 504 fundos con una superficie total de 1.364.529 hectáreas. Ese mismo año se expropiarían otros 1.144.

Una de las víctimas fue Jorge Baraona, agricultor de 70 años y dueño del fundo Nilahue, en Colchagua, quien fue conminado por la CORA a abandonarlo en dos horas (la CORA luego desmentiría esa versión ratificada por los trabajadores del fundo). Se lo expropiaba por extensión y no por mala explotación. Al dejar su casa sufrió un infarto y murió al ser trasladado a Santiago.

Entonces el comentario desafortunado provino de otro senador socialista, Carlos Altamirano: “La Derecha, como no ha podido encontrar un mártir y un muerto, tiene que recurrir, lamentablemente, a un muerto del corazón para transformarlo en mártir. Mañana es posible que culpen a la UP de la muerte de un enfermo de cáncer”.

Que esta frase no se olvide a pesar de que tampoco quedará consignada en el Museo de la Memoria, pero está bien impresa en los fascículos de la Unidad Popular que editó la revista Qué Pasa, creada en ese período y donde trabajé en su época gloriosa y desde el número cero (prueba editorial), con profesionales de la talla de Gonzalo Vial, Cristián Zegers, Jaime Martínez y Joaquín Villarino.

Revisando esos fascículos reviví cómo se fue destrozando un país valórica, cultural, educacional, económica e institucionalmente, entre muchos otros “mente”. Habría tanto más que mencionar. Quedará para después. Baste decir que Salvador Allende, autoproclamado “compañero Presidente”, al regresar de un viaje a Moscú confesó haber llegado a una “completa identidad de puntos de vista” con la troika soviética. Se refería a Brezhnev, Kosygin y Podgorny. “A la Unión Soviética la llamamos nuestro hermano mayor. No estamos solos”, aseveró.

Pero si es por frases suyas para no olvidar, tenía muchas. Hasta fueron recopiladas en un pequeño librito. En una oportunidad ---y con esto termino por esta vez--- comentó lo mucho que se extendía en los discursos y, tras reconocer que “según Tencha tomo el micrófono y no lo largo ni en dos horas”, agregó una expresión que pareciera que en nuestros días ha recuperado actualidad: “De todas maneras reconozco que Fidel Castro me gana por nariz”.¦¦¦¦¦

Lillian Calm
09/12/2009
Temas.cl