jueves, 21 de mayo de 2015

La epopeya de Iquique, Vicente Huidobro.



La epopeya de Iquique
Vicente Huidobro.






Dedicatoria


¿Qué soy yo para cantar tu gloria?
Un átomo infeliz que aquí en la tierra
no anhela del poeta la victoria.
grandes ideas, no mi mente encierra
más sólo de hazaña la memoria.
En la sangrienta en la gloriosa guerra
despierta los acordes de mi lira
y ante tu vista mi canción se inspira.
A ti te la dedico, Prat glorioso
Primicia del patriota es mi canción
suba mi voz y el aire correntoso
Lleve hasta ti mi vaga inspiración
acogedla benigno y cariñoso
es fruto de grande admiración
y aunque nada es para tu honrosa fama
sabedlo que es amor lo que lo inflama.




Canto I
Introducción
I




Después que un hombre ha muerto de sus cenizas brota
el árbol del olvido por una ley fatal;
Ya nadie recuerda y en la región ignota
vagando va con su alma su nombre de mortal.




II



Pasaron los antiguos y se olvidó su nombre
y así cual se sacuden las olas en el mar
así se va pasando la sucesión del hombre
y trozos de esperanzas van en la playa a dar.




III



Y luego viene otra ola, y sus vestigios deja
borrando en la arenas esa última señal
porque es cosa muy cierta que todo el que se aleja
será siempre olvidado por una ley fatal




IV




Pasaron los artistas, pasaron los guerreros
Murió ya el gran Fidias y Ciro se murió
cruzaron de la tierra los ásperos senderos
y aquella misma tierra su nombre se tragó.




V



¡Oh, héroes de Iquique, jamás temáis vosotros!
La fama hoy os coloca en alto pedestal;
Para guardar tu nombre estamos, Prat, nosotros.
No temas Prat glorioso, tu nombre es inmortal




VI



la patria tu servicio de bravo reclamaba
partiste de tu pueblo dejando en él tu hogar
tus hijos y la esposa, la patria te llamaba
y ante esa madre nada se puede comparar.




VII




A defender a Chile en la Esmeralda fuiste
a defender osado el santo tricolor
al norte te mandaron y al norte dirigiste
el rumbo de tus naves, emblemas de honor.




Canto II
Combate de Iquique
VIII



El mar estaba triste y estaba triste el cielo,
Cubierto con las nubes con espacioso tul;
Volaban las gaviotas con más pesado vuelo,
Buscando, parecía del cielo el limpio azul.



IX
De Iquique en las ancha rada sus naves se veían
Ondeaba en sus mesanas de Chile el pabellón;
Y lentas con las olas las naves se mecían
De la marina brisa, al leve y blando son.



X



La Covadonga era una que atenta contemplaba
del horizonte luengo las nubes en tropel;
La otra, la Esmeralda, en ella Prat estaba
más sobre la cubierta del buque no se ve.




XI



Quién sabe si en su cuarto de capitán marino
miraba los retratos de aquellos que dejó,
Y enviábales del alma un beso peregrino,
¡Que aún antes del combate jamás los olvidó!



XII




Nacía en el oriente el sol de la mañana
dos buques se acercaban con todo su vapor.
La "Independencia", el "Huáscar", la gran nave peruana,
Con que humillar a Chile quería el traidor.




XIII



Salieron al encuentro las dos naves chilenas
y grita Prat valiente: "La lucha es desigual",
Mas viendo de su gente las caras tan serenas,
¡Qué orgulloso sintió entonces el héroe inmortal!




XIV




Y prosiguió diciendo: "Mirad esa bandera,
No ha sido por contrario arriada, no jamás.
Espero ¡oh, mis valientes!, en vuestra fe sincera
Que ahora en el combate tampoco lo será".




XV




Así el héroe dijo... y allá en los aires truena
el grito de la lucha que ya va a comenzar;
¡"Viva Chile la patria"!, en los ámbitos resuena
Y cada marinero su puesto va a ocupar.




XVI




Al ver de los chilenos esa actitud valiente,
Del Huáscar intimaban a Prat la rendición;
¿No saben los peruanos que Chile no consiente
Arriar a nadie nunca su sacro pabellón?.




XVII




Aguardar la respuesta de la enemiga nave
Mas respondió por Chile del bronce la alta voz,
Que el bravo no se rinde, ahora el peruano sabe
Y carga la "Esmeralda" con ímpetu veloz




XVIII




¡Qué horrenda está la lucha! ¡La lucha está violenta!
Ahora todo es humo, retumba ya el cañón
Y en la coraza dura la bala se revienta,
Mas del marino maestro ni tiembla el corazón




XIX




Espanta al enemigo esa osadía inmensa
Con que el chileno firme combate sin cesar;
Oscuro está ya el cielo por una nube densa.
De sangre y de despojos cubierto al ancho mar.




XX




Las cargas se renuevan, los golpes se suceden
Y por momento aumentan el ímpetu y furor,
Nuestros marinos firme ni un paso retroceden.
Y una vez más demuestran su sin igual valor.




XXI




Cansados los peruanos de obstinación tan dura.
A la "Esmeralda" atacan con el fiero espolón;
Viendo esto Prat exclama con voz firme y segura:
"¡Al abordaje bravos, no tiemble el corazón!".




XXII




Parado está en su puesto sobre la gran cubierta,
Sereno cual si fuese la estatua de un Titán...
De pronto de un letargo parece se despierta
Aquel nuevo Juan de Austria, excelso capitán.




XXIII




¿Qué piensa? Fulgor lúgubre a su mirada asoma,
Quizás algún proyecto grandioso él concibió;
La vengadora espada con una mano toma
Y cruzan sus mejillas dos lágrimas de amor




XXIV




¡Miradlo! Va a lanzarse sobre la nave osada
Qué horrible fue el combate que en su alma Prat sintió
Abandonar sus hijos, su esposa idolatrada.
Pues iba allí a la muerte y así lo comprendió.



XXV




Corazón por su mente..., más no jamás trepida.
El sabe que su ejemplo a todos va a alentar.
Y va a dejar cuanto ama y va a dejar la vida.
¡O héroe sublime! ¡O héroe sin par!




XXVI




Por Chile solamente ¡oh genio de la guerra!
Por tu querida patria vas pronto a sucumbir
Desligaste de todo cuanto amas en la tierra
Y sólo son tus ansias por Chile, Prat, morir.




XXVII




Noble águila marina, volabas insegura.
Midiendo del espacio la eterna inmensidad;
La pequeñez de abajo mirando de esa altura
Te hizo volar al cielo de la inmortalidad.




XXVIII




Y espada en mano salta sobre el buque enemigo,
Le sigue sólo Aldea, valiente como él:
Mas ¡ay! que ya no tienen sus pechos al abrigo.
De la valiente nave de Chile honor y prez.




XXIX




Y combatiendo siempre con incansable brazo
Sucumben bajo el hierro del fiero traidor
Y unidos con su espada en un estrecho abrazo
Sus cuerpos de desploman sin fuerza y sin vigor




XXX




Tu horrendo sacrificio está ya consumado
Lograste al fin tu anhelo, ya puedes descansar...
¡Chilenos, contempladle! Muerto está: no humillado.
Corren bravos patriotas, su frente a coronar.




XXXI




Y cual la luz del sol que se esparce al mismo instante
En las nubes del cielo, en la tierra y en el mar,
Así al punto nació en nuestro soldado anhelante
Deseo de morir como Prat o de triunfar.




XXXII




Era de verlos cómo crecía por momento
En todos los chilenos la sed de sucumbir,
Rugían como el mar y corrían como el viento
Buscando en todas partes dónde poder morir




XXXIII




En tanto la "Esmeralda", ya medio sumergida,
No da tregua un momento, retumba su cañón.
En la enemiga nave su jefe está sin vida.
Pero en su palo ondea de Chile el pabellón.




XXXIV




El "Huáscar" se prepara a otra feroz descarga,
Concluir quiere la lucha y de una vez concluir:
Sobre la débil nave a todo vapor carga,
Apenas la "Esmeralda" le pudo resistir.




XXXV




Mas como a los chilenos mostrado ha Prat no en vano
La senda de la gloria, la senda del honor;
Imítanlo unos cuantos al frente de Serrano
Perfecto prototipo del heroico valor.




XXXVI




Saltaron sobre el "Huáscar" y al punto perecieron
¡Deshonra del peruano, inmenso deshonor!
Con sangre de valientes el cuerpo se cubrieron
Pero ni aun por esto ganaron en valor.




XXXVII




La lucha continúa con más rabiosa saña,
Los ayes del herido aumentan más y más,
Y Chile se sostiene ¡milagro de la hazaña!
Que arriada su bandera no se verá jamás.



XXXVIII




Mas ya la vieja nave no puede sostenerse.
Y aguarda el tercer choque dispuesta a sucumbir:
Su casco traspasado de balas puede verse,
Si el triunfo es imposible sabrá al menor morir.




XXXIX




Y al darle el tercer choque ya el "Huáscar" se retira,
Se inclina la "Esmeralda" ladeada hacia babor;
Y así como el anciano que poco a poco expira
Empieza a sumergirse con lúgubre estertor.




XL




Y gritan los peruanos: que bajen esa bandera
Al bravo de Riquelme de ardiente corazón,
y aun cuando ¡victoria! tronaban por doquiera,
Les respondió Riquelme y disparó el cañón.




XLI




Y en aquel mar inmenso después de acción tan bella.
Ondeando la bandera sobre el palo mayor,
Hundióse la "Esmeralda". Riquelme hundióse en ella.
Envuelto entre los pliegues del santo tricolor.




XLII




Y cual el tigre hambriento se queda allí acechando
Los restos de la víctima que él despedazó.
Así quedóse el "Huáscar" los restos contemplando.
De la valiente nave que el piélago tragó.




Canto III
El Coro de las Sirenas
XLIII




Danzando en las olas
Del mar espumoso,
Del piélago undoso,
Saltando veloz;
en forma de rueda.
Las bellas sirenas
Entonan serenas
Su dulce canción




XLIV




"Cantemos al héroe.
Cantemos la gloria.
La eterna victoria,
Que Chile alcanzó
Cantemos su fama,
Cantemos su nombre,
Cantemos al hombre
Que a Chile sirvió.



XLV




"Sus bravos marinos,
Que aquí están ya muertos,
Buscaban inciertos
La gloria, el honor.
Mas ya lo encontraron:
Tranquilos descansar,
Sus sueños alcanzan...
!Dormid sin temor!




XLVI




!Allí está Riquelme,
Su noble bandera
Le cubre doquiera
El cuerpo y la faz.
Gloriosa mortaja
Que oculta a su dueño...
Velemos su sueño,
Su sueño de paz.




XLVII




"Ciñamos su frente
Con esta corona,
Que el triunfo eslabona
Tan sólo al valor"
Decían algunas,
De aquel triste coro,
Enjugando el lloro
Del más tierno amor




XLVIII




"Dejadlo que duerma".
Decían las otras,
"Cantemos nosotras
su gloria no más.
Dejadle que duerma,
Que es dulce su sueño,
Logrado ha su empeño,
Dejémosla en paz".




XLIX




Y entre las espumas
El cabello suelto,
Y su cuerpo envuelto
Con un blanco tul;
Las bellas sirenas
Seguían cantando,
Seguían nadando
Sobre el mar azul.




Canto IV




La voz del mar.




"Silencio bellas sirenas
Enmudezca ya el poeta
Y calle su lira inquieta".
Tronando dijo la mar
"Deteneos, altas nubes.
Y escuchad mi rudo acento
Que acompañado del viento
Voy por mas olas a hablar.
"Una prueba de mi afecto
Al chileno valeroso,
En el combate animoso
Mis imperios le darán
Una prueba quiero darle
Para perpetuar su gloria
Y pregonar su victoria
A los siglos que vendrán.
"Y así os doy bravos de Iquique,
En mi ancho seno un palacio
De oro, perlas y topacio.
Allí podréis habitar.
Sí. ¡oh héroe legendarios!,
Tendréis por tumba las brumas,
Por lápidas las espumas,
Por epitafio la mar.




Tomado de "Obras Completas" de Vicente Huidobro.
Editorial Zig-Zag, 1964.

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